
Piso de alquiler: quién paga cambiar la cerradura o el bombín
Publicado el 20 de agosto de 2026
Artículo
En un piso alquilado, la cerradura es de una persona y la usa otra cada día. Mientras funciona, a nadie le importa de quién es. El día que el bombín se atasca, que se pierden las llaves o que el inquilino quiere reforzar la puerta, aparece la duda: ¿esto lo pago yo o lo paga el dueño? No hay una respuesta única que sirva para todos los pisos. Lo que sí hay son criterios que se repiten casi siempre, y un par de costumbres que ahorran discusiones. No somos abogados ni pretendemos serlo: te contamos lo que vemos en la puerta y lo que suele ayudar a que todos se entiendan.
Lo primero: qué dice tu contrato
Antes de cualquier criterio general, coge el contrato y busca lo que diga sobre reparaciones, mantenimiento o llaves. Muchos lo recogen en una cláusula, a veces con detalle y a veces en una sola línea. Si ahí pone algo claro, eso es lo primero que manda. Si no dice nada concreto, entran en juego dos preguntas sencillas: ¿la pieza ha fallado por el paso del tiempo o por algo que ha pasado? ¿Es una mejora que alguien quiere o una avería que hay que arreglar?

Desgaste o avería: la diferencia que más pesa
Un bombín tiene una vida. Con los años, los pitones de dentro se gastan, la llave empieza a ir dura y un día deja de girar. Eso es desgaste: le pasa a cualquier cerradura con el uso normal, viva quien viva en el piso. En esos casos, en general, el arreglo suele corresponder a quien es dueño de la vivienda.
Distinto es que algo se rompa por un golpe, por forzar una llave doblada o por meter herramientas en el bombín. Ahí lo habitual es que pague quien lo ha provocado. Entre una cosa y otra hay casos dudosos, y por eso conviene mirar la pieza antes de decidir. Cuando vamos, te explicamos qué vemos: si el cilindro está gastado por dentro, si tiene marcas de haberlo forzado o si el problema está en la cerradura y no en el bombín. Esa explicación te sirve para hablarlo con la otra parte.
Si la avería te deja fuera de casa un domingo por la noche, nadie espera que aguardes al lunes para preguntar. Lo sensato es resolver primero lo urgente, que es poder entrar y dejar la puerta cerrando, y avisar al propietario cuanto antes con lo que ha pasado. El reparto del gasto se habla después, con calma y con la explicación de lo que se encontró.
Las llaves perdidas o que se quedan dentro
Si las llaves se pierden o se quedan dentro del piso, lo normal es que el gasto de abrir o de cambiar el bombín lo asuma quien las tenía. No es una avería de la vivienda, es algo que le ha ocurrido a quien vive en ella. Muchos inquilinos prefieren, además, cambiar el bombín cuando pierden un llavero con la dirección cerca, aunque la puerta funcione bien.
En ese caso, avisa al propietario de que vas a cambiarlo y entrégale una llave del bombín nuevo si así lo teníais acordado. Si nadie dice nada, el dueño puede encontrarse con que su llave ya no abre, y eso genera desconfianza sin necesidad.
Cuando el piso cambia de inquilino
Entre un contrato y el siguiente, mucha gente se pregunta si hay que cambiar el bombín. No es obligatorio, pero tiene lógica: no siempre se sabe cuántas llaves han estado en circulación durante el alquiler anterior. Ese cambio suele decidirlo y pagarlo el propietario, porque es él quien quiere entregar el piso con un cierre que solo abran las llaves que da.
Si eres tú quien entra a vivir y el propietario no lo ha hecho, puedes pedirlo. Y si prefieres hacerlo por tu cuenta, lo razonable es hablarlo antes, como cualquier cambio en la vivienda.
Las mejoras: blindar, reforzar, poner un cerrojo
Otra situación frecuente es que el inquilino quiera más seguridad que la que hay: un bombín antibumping, un escudo por fuera o un cerrojo adicional. Eso ya no es una avería, es una mejora, y lo habitual es que la pague quien la pide. Antes de hacerla:
- Pide permiso al propietario, sobre todo si hay que taladrar la hoja o el marco, como pasa con un cerrojo.
- Acordad qué pasa al irte. Si la pieza se queda en el piso, si te la llevas y se vuelve a poner la anterior, o si se descuenta algo.
- Guarda el bombín viejo si vais a devolverlo a su sitio al final del contrato.
El buzón y el trastero también cuentan
El piso no es la única cerradura del contrato. La del buzón y la del trastero, si el alquiler lo incluye, siguen las mismas reglas: si la cerradura del buzón ya no gira por vieja, es desgaste; si se ha perdido su llave, suele tocarle al que la usaba. Lo que sí cambia es quién manda en cada caso: el buzón de cada vecino es de su vivienda, pero el panel de buzones y la puerta del portal son de la comunidad.
Dejarlo por escrito, aunque sea un mensaje
La mayoría de los desacuerdos sobre cerraduras no vienen de la cantidad, sino de la sorpresa. Un cambio que una parte no sabía, una factura que llega sin explicación. Para evitarlo:
- Antes de llamar a nadie, cuenta al otro lo que pasa, con una foto de la cerradura si puedes.
- Acordad quién paga y por qué, y dejadlo en un mensaje o un correo. Sirve igual que un papel firmado para recordar lo hablado.
- Pide que te den la estimación del trabajo antes de hacerlo, para enseñársela a la otra parte.
- Guarda el justificante del trabajo, con lo que se cambió.
Si ahora mismo tenéis la duda
Llámanos y cuéntanos qué le pasa a la cerradura. Te decimos por teléfono lo que costaría antes de salir, así podéis hablarlo con la cifra delante, y al llegar te explicamos lo que vemos para que lo transmitas tal cual.
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